(...)
Pudiste haber luchado, embate a embate
para abarcar la orilla y, paso a paso,
deglutir toda la salinidad con la boca amoratada.
Pudiste cargar tu memoria con todos los innombrables,
los que no han hablado, los mutilados del alma,
y llevar hasta la sima tu nombre innominado
mientras flotabas con la materia desprendida
y lamías a la espuma el secreto guardado en la lengua.
Hubieras podido, si la frontera anhelada hubiera detenido su anclaje
y en el momento de palparla no huyese a otro límite infernal.