Allí se llega estatua batida de espuma,
y esquema del viento,
con pasado yermo y algún
instante perfecto.
Allí se llega vestida de mareas,
escrita de mañanas y la
huella grabada por el tiempo.
Incrustando los talones con
el rito iniciado,
arando arena y sal con el cuerpo
mientras se tritura en la
boca los sonoros nombres prometidos,
clavándolos, después,
con bofetadas fonéticas que rasgan el aire.
Allí se llega con la
materia exhausta,
arrugado el peso de los miembros
y paso a paso, embate a
embate,
cuando de la bruma, el
pavor del monstruo emergido.
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